
Partiendo de que la socialización docente trata de comprender los sucesos por los que el individuo empieza a participar como miembro de la sociedad de maestros (Zeichner y Gore, 1990) nuestras experiencias personales de socialización en la profesión, durante la formación inicial y el período de prácticas han sido:
Como punto de partida, coincidimos en que las experiencias escolares anteriores a la formación inicial, junto con nuestras características únicas personales han sido fuerzas principales de socialización. Algunos docentes tienden a reproducir en el aula lo asimilado como una forma eficaz de enseñanza cuando aprendieron como alumnos/as en sus primeros años escolares.
Además, la formación en la Universidad junto con las prácticas en las escuelas, ha sido esenciales en nuestro proceso de socialización, puesto que es el primer momento en el que se produce la transición de estudiante a profesor.
“La socialización empieza con la formación y sigue durante los primeros años de enseñanza, donde las condiciones del contexto escolar determinan en gran medida lo que significa ser docente y las posibilidades y limitaciones con las que cuenta.”
(Staton y Hunt, 1992)
Las experiencias formativas en la Universidad no nos aportaron de forma significativa conocimientos y habilidades para ejercer nuestra profesión. Por lo que, ambas hemos tenido que buscar estrategias y nuevos significados de ser maestra, puesto que existe una gran diferencia entre la formación inicial universitaria y la realidad a la que nos enfrentamos. Esta separación entre la realidad del oficio y lo que se toma en cuenta en la formación constituye el origen de muchas desilusiones.
Nuestras experiencias durante el periodo de prácticas universitarias en los diferentes centros escolares han sido muy diferentes, aunque con muchos aspectos comunes.
El tutor/a de aula es el agente más significativo para nosotros durante este período, pues “pensamos” que por tener más experiencia sus actuaciones son las adecuadas.
Los tutores imponen en el aula la autoridad, mediante el control y la disciplina los alumnos deben permanecer callados y en todo momento permanecer organizados. Dentro del aula el control del alumnado para que no hable, no interrumpa y esté en su sitio, ocupaba la mayor parte de nuestro tiempo.
Otro aspecto que preocupa mucho a los tutores es “el tiempo”, que los alumnos estén en todo momento trabajando y realicen el mayor número de tareas posible. Se premia la rapidez en la realización de las tareas, es necesario terminar una tarea para poder empezar la siguiente, que suele ser más divertida utilizándolo como estímulo de la primera. Si no son terminadas se recurre al castigo, (te quedas sin recreo para terminarlas).
Está necesidad de rapidez en las tareas, han perjudicado en “la calidad” de las tareas, ya que está queda reducida a seguir unas pautas determinadas y a la repetición. Las actividades más creativas, tienen un formato prefijado, para poder realizarlas con mayor rapidez.
Después de varias semanas llevando a cabo está forma de trabajo, llega el momento en que no sabes aplicar otra metodología que sirva para aprender.
Es un período en el que se viven muchas tensiones por querer aprender en un contexto desconocido, en que el quieres adquirir un conocimiento lo más valioso y rico posible para su posterior puesta en práctica.
Pero el practicum, como Contreras Domingo (1987) afirma, no se trata sólo de hacer prácticas, sino de realizar aprendizajes prácticos, en el sentido de analizar y reflexionar sobre la realidad.
Por otro lado, y haciendo referencia al aislamiento docente, la percepción que cada una de nosotras ha vivenciado durante nuestro periodo de prácticas, ha sido diferente.
Otro problema es el de la intensificación, para garantizar eficientes resultados de aprendizaje de todos los alumnos/as existe un aumento en las tareas del docente, originando una sensación de sobrecarga de trabajo. A medida que pasa el tiempo el trabajo del docente se complica, ya que la sociedad evoluciona rápidamente y estos cambios deben incorporarse a las escuelas. Por tanto se debe fomentar en los docentes el interés por renovarse, mostrándoles nuevas prácticas que mejoren y faciliten sus prácticas docentes.
Aunque parece que solo existen aspectos negativos en la labor docente, para nosotras hay un sinfín de razones para ser docente pero también creemos que todas ellas nos llevan a una meta común: ser cada vez mejores como individuos y como sociedad. Para ello los docentes debemos poner todo nuestro interés y profesionalidad y la sociedad debe de ayudarnos en lo necesario para desarrollar nuestra labor de la mejor forma posible.
Además, la formación en la Universidad junto con las prácticas en las escuelas, ha sido esenciales en nuestro proceso de socialización, puesto que es el primer momento en el que se produce la transición de estudiante a profesor.
“La socialización empieza con la formación y sigue durante los primeros años de enseñanza, donde las condiciones del contexto escolar determinan en gran medida lo que significa ser docente y las posibilidades y limitaciones con las que cuenta.”
(Staton y Hunt, 1992)
Las experiencias formativas en la Universidad no nos aportaron de forma significativa conocimientos y habilidades para ejercer nuestra profesión. Por lo que, ambas hemos tenido que buscar estrategias y nuevos significados de ser maestra, puesto que existe una gran diferencia entre la formación inicial universitaria y la realidad a la que nos enfrentamos. Esta separación entre la realidad del oficio y lo que se toma en cuenta en la formación constituye el origen de muchas desilusiones.
Nuestras experiencias durante el periodo de prácticas universitarias en los diferentes centros escolares han sido muy diferentes, aunque con muchos aspectos comunes.
El tutor/a de aula es el agente más significativo para nosotros durante este período, pues “pensamos” que por tener más experiencia sus actuaciones son las adecuadas.
Los tutores imponen en el aula la autoridad, mediante el control y la disciplina los alumnos deben permanecer callados y en todo momento permanecer organizados. Dentro del aula el control del alumnado para que no hable, no interrumpa y esté en su sitio, ocupaba la mayor parte de nuestro tiempo.
Otro aspecto que preocupa mucho a los tutores es “el tiempo”, que los alumnos estén en todo momento trabajando y realicen el mayor número de tareas posible. Se premia la rapidez en la realización de las tareas, es necesario terminar una tarea para poder empezar la siguiente, que suele ser más divertida utilizándolo como estímulo de la primera. Si no son terminadas se recurre al castigo, (te quedas sin recreo para terminarlas).
Está necesidad de rapidez en las tareas, han perjudicado en “la calidad” de las tareas, ya que está queda reducida a seguir unas pautas determinadas y a la repetición. Las actividades más creativas, tienen un formato prefijado, para poder realizarlas con mayor rapidez.
Después de varias semanas llevando a cabo está forma de trabajo, llega el momento en que no sabes aplicar otra metodología que sirva para aprender.
Es un período en el que se viven muchas tensiones por querer aprender en un contexto desconocido, en que el quieres adquirir un conocimiento lo más valioso y rico posible para su posterior puesta en práctica.
Pero el practicum, como Contreras Domingo (1987) afirma, no se trata sólo de hacer prácticas, sino de realizar aprendizajes prácticos, en el sentido de analizar y reflexionar sobre la realidad.
Por otro lado, y haciendo referencia al aislamiento docente, la percepción que cada una de nosotras ha vivenciado durante nuestro periodo de prácticas, ha sido diferente.
Otro problema es el de la intensificación, para garantizar eficientes resultados de aprendizaje de todos los alumnos/as existe un aumento en las tareas del docente, originando una sensación de sobrecarga de trabajo. A medida que pasa el tiempo el trabajo del docente se complica, ya que la sociedad evoluciona rápidamente y estos cambios deben incorporarse a las escuelas. Por tanto se debe fomentar en los docentes el interés por renovarse, mostrándoles nuevas prácticas que mejoren y faciliten sus prácticas docentes.
Aunque parece que solo existen aspectos negativos en la labor docente, para nosotras hay un sinfín de razones para ser docente pero también creemos que todas ellas nos llevan a una meta común: ser cada vez mejores como individuos y como sociedad. Para ello los docentes debemos poner todo nuestro interés y profesionalidad y la sociedad debe de ayudarnos en lo necesario para desarrollar nuestra labor de la mejor forma posible.
García Martínez, Nuria
Muñiz Oneto, Rocío

