miércoles, 24 de marzo de 2010

¿En qué cultura docente/profesional nos socializamos?


Partiendo de que la socialización docente trata de comprender los sucesos por los que el individuo empieza a participar como miembro de la sociedad de maestros (Zeichner y Gore, 1990) nuestras experiencias personales de socialización en la profesión, durante la formación inicial y el período de prácticas han sido:
Como punto de partida, coincidimos en que las experiencias escolares anteriores a la formación inicial, junto con nuestras características únicas personales han sido fuerzas principales de socialización. Algunos docentes tienden a reproducir en el aula lo asimilado como una forma eficaz de enseñanza cuando aprendieron como alumnos/as en sus primeros años escolares.

Además, la formación en la Universidad junto con las prácticas en las escuelas, ha sido esenciales en nuestro proceso de socialización, puesto que es el primer momento en el que se produce la transición de estudiante a profesor.

“La socialización empieza con la formación y sigue durante los primeros años de enseñanza, donde las condiciones del contexto escolar determinan en gran medida lo que significa ser docente y las posibilidades y limitaciones con las que cuenta.”
(Staton y Hunt, 1992)

Las experiencias formativas en la Universidad no nos aportaron de forma significativa conocimientos y habilidades para ejercer nuestra profesión. Por lo que, ambas hemos tenido que buscar estrategias y nuevos significados de ser maestra, puesto que existe una gran diferencia entre la formación inicial universitaria y la realidad a la que nos enfrentamos. Esta separación entre la realidad del oficio y lo que se toma en cuenta en la formación constituye el origen de muchas desilusiones.

Nuestras experiencias durante el periodo de prácticas universitarias en los diferentes centros escolares han sido muy diferentes, aunque con muchos aspectos comunes.

El tutor/a de aula es el agente más significativo para nosotros durante este período, pues “pensamos” que por tener más experiencia sus actuaciones son las adecuadas.

Los tutores imponen en el aula la autoridad, mediante el control y la disciplina los alumnos deben permanecer callados y en todo momento permanecer organizados. Dentro del aula el control del alumnado para que no hable, no interrumpa y esté en su sitio, ocupaba la mayor parte de nuestro tiempo.

Otro aspecto que preocupa mucho a los tutores es “el tiempo”, que los alumnos estén en todo momento trabajando y realicen el mayor número de tareas posible. Se premia la rapidez en la realización de las tareas, es necesario terminar una tarea para poder empezar la siguiente, que suele ser más divertida utilizándolo como estímulo de la primera. Si no son terminadas se recurre al castigo, (te quedas sin recreo para terminarlas).

Está necesidad de rapidez en las tareas, han perjudicado en “la calidad” de las tareas, ya que está queda reducida a seguir unas pautas determinadas y a la repetición. Las actividades más creativas, tienen un formato prefijado, para poder realizarlas con mayor rapidez.

Después de varias semanas llevando a cabo está forma de trabajo, llega el momento en que no sabes aplicar otra metodología que sirva para aprender.

Es un período en el que se viven muchas tensiones por querer aprender en un contexto desconocido, en que el quieres adquirir un conocimiento lo más valioso y rico posible para su posterior puesta en práctica.

Pero el practicum, como Contreras Domingo (1987) afirma, no se trata sólo de hacer prácticas, sino de realizar aprendizajes prácticos, en el sentido de analizar y reflexionar sobre la realidad.

Por otro lado, y haciendo referencia al aislamiento docente, la percepción que cada una de nosotras ha vivenciado durante nuestro periodo de prácticas, ha sido diferente.

Otro problema es el de la intensificación, para garantizar eficientes resultados de aprendizaje de todos los alumnos/as existe un aumento en las tareas del docente, originando una sensación de sobrecarga de trabajo. A medida que pasa el tiempo el trabajo del docente se complica, ya que la sociedad evoluciona rápidamente y estos cambios deben incorporarse a las escuelas. Por tanto se debe fomentar en los docentes el interés por renovarse, mostrándoles nuevas prácticas que mejoren y faciliten sus prácticas docentes.

Aunque parece que solo existen aspectos negativos en la labor docente, para nosotras hay un sinfín de razones para ser docente pero también creemos que todas ellas nos llevan a una meta común: ser cada vez mejores como individuos y como sociedad. Para ello los docentes debemos poner todo nuestro interés y profesionalidad y la sociedad debe de ayudarnos en lo necesario para desarrollar nuestra labor de la mejor forma posible.


García Martínez, Nuria

Muñiz Oneto, Rocío

viernes, 12 de marzo de 2010

Dos futuras psicopedagogas os damos la bienvenida a nuestro blog. Esperamos vuestra participación. Saludos


jueves, 11 de marzo de 2010

¿PsicoQué? ¿Que es la Psicopedagogía?

PSICOQUÉ?
por Carlos Pajuelo

“¿Psico qué?”, esa es la pregunta que más veces habéis contestado en estos últimos dos años a los asombrados rostros de vuestros padres, amigos, vecinos que de forma incrédula asentían ante vuestras explicaciones. Pero me temo que todavía seguiréis, durante mucho tiempo, teniendo que contestar a esta pregunta sólo que en su variante “¿y eso para qué sirve?”.
Yo a mi padre le di un enorme disgusto el día que le anuncie que quería estudiar Psicología. Recuerdo que una tarde me cogió por los hombros y me dijo: “Carlos, tus hermanos estudian medicina, los médicos tienen un trabajo muy bonito, ayudan a las personas, son respetados socialmente, y además ganan dinero. Y dime, ¿para qué sirve un psicólogo de los....”? yo en ese momento, a falta de argumentos, le miré y le dije preguntando “¿para ser feliz?...” feliz, feliz “se fue murmurando mientras daba un portacito... y desde el pasillo me gritó: “felices son los idiotas”.
Me vais a permitir que como padrino vuestro, asuma el deber de un buen padrino que consiste en haceros un regalo. ¿Y qué se le regala a una promoción? me he estado preguntando esta mañana. Fui al Corte Inglés a la sección de promociones pero sólo había vajillas de Santa Clara, y tres botes de colacao sal precio de dos, así que desdeñada la idea de un regalo material, me vino como una revelación, una voz por el pasillo de mi casa que me decía “papá para que sirve un psicopedagogo”... mi hijo Arturo me dio la idea, esto es lo que les voy a regalar a mis alumnos, lo que yo creo, lo que pienso, lo que siento y lo que contesto cuando alguien me pregunta ¿para qué sirve un psicopedagogo?
“Para cinco cosas fundamentales...” digo seriamente mirando los ojos de mi indocumentado preguntón a la vez que levanto mi mano abierta enérgicamente mostrando los 5 dedos.
La primera, y entonces muestro el dedo índice, la psicopedagogía te hace más inteligente (que no más listo) porque te enseña lo poco que sabes, te enseña a saborear cada una de las cosas que vas aprendiendo y al aprender disfrutas con lo nuevamente adquirido y te sorprendes de todo lo que aún te falta por aprender. El trabajo de psicopedagogo discurre por un camino en el que la búsqueda de respuestas, la formulación de hipótesis, el descubrimiento de nuevas vías se constituyen en las herramientas más adecuadas para recorrer ese apasionante camino que nunca tiene fin. Si disfrutamos de lo que aprendemos podremos contagiar ese entusiasmo a los demás, tanto a los que enseñan como a los que aprenden.
La segunda, y entonces levanto los dedos índice y corazón, la psicopedagogía te hace más alto, porque te ayuda a crecer personalmente, el trabajo de psicopedagogo te enseña a responsabilizarte de tu propia vida: la personal y la profesional; porque el trabajo en la escuela, nuestra oficina de trabajo, que es un espacio en el que podemos comprobar como muchas de las tensiones que se producen en ella no son más que el reflejo de la incapacidad, del miedo, a responsabilizarnos que presentamos los seres humanos. Y cuando asumimos nuestra responsabilidad, laboral y personal, mostramos a los demás que el error es sólo una faceta más de nuestra vida.
La tercera, y se iza el dedo anular junto a los anteriores, la psicopedagogía mejora nuestra capacidad para comunicarnos, nos da la posibilidad de poder entender a los demás, de entender a los alumnos que sufren por el fracaso académico y personal, de entender a los padres que sufren por el fracaso propio o el ajeno, de entender a los maestros y maestras que sufren por los fracasos propios y ajenos. Y cuando uno es capaz de percibir en si mismo el sentimiento ajeno, ese día se aprende que para comunicarse no son necesarias todas las palabras.
La cuarta, y se añade a los dedos anteriores el meñique, la psicopedagogía te dota de sentido del humor. Sentido del humor necesario para poder desmitificar la cantidad de teorías, ideas, filosofías, que a menudo nos hacen comportarnos profesional y personalmente de forma estrecha. Sentido del humor para poder reírnos de nosotros mismos, para poder poner en duda no sólo las creencias de los demás sino también nuestras propias creencias. La psicopedagogía nos enseña a reír, y saber reír es una buena ayuda para vivir.
La quinta, y entonces la mano se abre totalmente, la psicopedagogía te hace tener una profesión, una forma “honrada” de ganarse el sustento. Un sueldo. Y esto es importante, nuestro trabajo va más allá de la vocación, de la solidaridad, de la entrega o del altruismo.... nuestro trabajo exige profesionalidad, conocimientos, pericia.
Y cuando cierro la mano, vuelvo a mirar a los ojos y le añado... “además sirve, a menudo, para sentirme feliz, con la sencilla, e ilimitada felicidad de los idiotas”.